



OPINIÓN. "Las falsas empatías que nos llevan a convertir todo en una guerra"
Diario Lider





Según desde la trinchera donde se lo mire, 78 días sin la aparición de Santiago Maldonado y más cercano, el reconocimiento de un cuerpo que se encontraba dentro del río Chubut han despertado al argentino que a muchos nos espanta; decenas de teorías y culpables afines al gobierno u opositores a éste, han salido a gritar a los cuatro vientos como si fueran expertos de la criminología o maestros de las autopsias; se han visto sondeos para saber si afecta a una fuerza política u otra, imágenes solicitando votos castigo y la aberrante difusión de aquellas que revelaban las condiciones del cuerpo encontrado.
Más de dos meses donde la mayoría se olvidó que detrás de todo había un muchacho y he leído hasta insultos hacía él; más de dos meses donde le calzábamos la remera de una fuerza política según donde estuviéramos parados y todo corría entorno a los de enfrente; más de dos meses donde ya no nos importó que Santiago apareciera, sino que nuestros contrarios cargaran con el peso.
Es fácil hablar a través del dolor ajeno, de hecho somos libres de poder expresarnos, pero a los argentinos nos falta esa empatía real que nos arranque de los focos de combate y por respeto nos haga llamarnos al silencio y esperar que las vías profesionales revelen que paso con Santiago; y después sí, según lo que revele la investigación salir buscar que la justicia recaiga sobre los verdaderos culpables o que en caso de que accidentalmente se haya dado este desenlace, pueda descansar en paz sin su utilización, de unos y de otros.
Y hoy me encuentro con una nota de opinión firmada por la Comisión por los Derechos Humanos de Trenque Lauquen y me avergüenza que precipitadamente puedan utilizar palabras como desaparición forzada y asesinato, pidiéndole a la comunidad que se sume a estas consignas. Me apena mucho que en nuestra comunidad hace tiempo esa loable lucha por los derechos de las personas se venga plagando de contenido político y de personajes que erróneamente buscan utilizarlo como su vidriera; me apena por aquellos enrolados en una lucha verdadera que poco a poco observan como los trenquelauquenses dejan de acompañarlos...
Cuando los argentinos logremos ponernos en los zapatos del otro sin querer buscar llevar agua para nuestro molino, habremos aprendido a construir un país verdadero donde deje de importar una ideología y el otro valga como persona; los fanatismos nos posicionan muy lejos de ello.












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