



LA NACIÓN. La ruta de la arena. Una trampa de 1400 kilómetros que conduce a la joya de la corona argentina
Diario Lider







Desde Entre Ríos a #VacaMuerta, 1400 kilómetros entre miles de camiones con tramos en los que cualquier error se convierte en el final. Ahí, en esa cinta de asfalto que tiene 65 años y nunca se ensanchó, no hay heroísmo posible ni segunda chance. Poco más de 100 kilómetros de #autovía; después, a pelear con la desidia durante 1300 kilómetros más que separan a las canteras de arena de Ibicuy con el yacimiento neuquino.
Hace poco más de un mes, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, visitó la joya de la corona argentina. Recorrió Vaca Muerta, en Neuquén, junto al ministro de Economía, Luis Caputo, y al titular de YPF, Horacio Marín. Pudo ver con sus ojos el impulso productivo y el potencial exportador del yacimiento.
Fue en un avión de la Fuerza Aérea hasta Neuquén para luego pasar a un helicóptero con destino al centro de operaciones en Vaca Muerta. Si hubiese ido por tierra, habría presenciado demasiados baches y habría sido testigo de un tránsito desbordado durante 1474 kilómetros.


Le evitaron transitar entre miles de camiones por tramos en los que cualquier error se convierte en el final. Ahí, en esa cinta de asfalto que tiene 65 años y nunca se ensanchó, no hay heroísmo posible ni segunda chance. Poco más de 100 kilómetros de autovía; después, a pelear con la desidia durante 1300 kilómetros más que separan a las canteras de arena de Entre Ríos con el yacimiento neuquino.
El volante tiembla y la ruta se angosta hasta convertirse en un pasillo de siete metros por donde pasan dos camiones que apenas se separan por 80 centímetros cuando se cruzan de frente. Un segundo de distracción —el sueño acumulado después de dos días de viaje, la lluvia que convierte el pozón en espejo o cualquier externalidad— y el cuerpo pasa a ser estadística.
No hay guardarraíl que perdone una falla a esa velocidad, no hay banquina donde refugiarse, no hay nada que separe la vida de la muerte, más que una línea amarilla gastada, casi invisible. Todo condimentado con pozos, baches, huellas profundas o ausencia total de asfalto, como en el último tramo de La Pampa, que parece un escenario bombardeado.
Entre la ruta nacional 151 y la provincial 20, ubicada en el sur de La Pampa, los 128 kilómetros de trayecto se vuelven una ruleta rusa disfrazada de trabajo diario: camiones que salen de Ibicuy, que pesan 55 toneladas con la carga de arena, y no paran hasta Añelo, con curvas ciegas detrás de una loma, carteles de “cruce” que nadie respeta porque no hay semáforos ni rotonda. Ahí no mueren los imprudentes: mueren los que confiaron en que el camino de siempre los iba a llevar a casa una vez más. Y no vuelven.
La ruta que une el kilómetro cero de la arena, los caños de acero ubicados en el norte de Buenos Aires o Entre Ríos y que termina en Neuquén, el corazón petrolero argentino, después de pasar por La Pampa y Río Negro, no perdona. Los que transitan el camino por necesidad, por trabajo o por turismo, arriesgan la vida en una ruta imposible, una de las más peligrosas del país, sobre la que no hay grandes planes de mejora.
El sitio especializado Planeta Camión realizó un importante estudio en el que da cuenta de que actualmente una flota de 4300 camiones está involucrada en la logística, solo de arena. “Las proyecciones indican que la demanda de arena para fracking podría pasar de los 5,5 millones de toneladas consumidas durante 2025 a unos 7 millones en 2026 y cerca de 8 millones en 2027. Esto representaría un crecimiento aproximado del 45% en apenas dos años”, concluye el informe. Si esas previsiones se confirman, pues habrá 7000 camiones solo para traslado de arena desde la cantera al yacimiento.
Alfonso cuenta que hace aproximadamente seis viajes mensuales y que muchas veces hay demoras en la descarga ya que depende del lugar que le asignen. “El último trayecto es el peor, cuando termina la Ruta del Desierto [en La Pampa]. En ese tramo de algo más de 100 kilómetros hasta Barda del Medio, se tardan entre cinco y seis horas. Descargamos, a volver vacíos, y a empezar de vuelta”, cuenta.
La ruta 5 comienza en Luján y termina en la ciudad de Santa Rosa, capital de La Pampa. Son 545 kilómetros: los primeros 30 son autopista, el resto, mano y contramano en un viaje de miedo y estrés. A diario dejan la vida en estas vías más de cinco personas, según el último informe de la Dirección de Estadística Vial. Pero hay quienes recomiendan un conteo más cercano. Fabian Pons, presidente del Observatorio Vial Latinoamericano, explica que en la Argentina no hay fácil acceso a estadísticas fiables y eso complica muchas veces las decisiones de inversión, en este caso, en las rutas. “Son los medios de las distintas localidades los que reflejan mejor el día a día”, asegura. Los diarios locales de las ciudades y municipios ubicados sobre la ruta nacional 5, como Mercedes, Suipacha, Chivilcoy, Alberti, Bragado, 9 de Julio, Carlos Casares, Pehuajó y Trenque Lauquen, entre otros, coinciden en un diagnóstico: los accidentes en la ruta son un problema estructural. Solo por citar un ejemplo, Presente Noticias, de Bolívar, informa que en los primeros siete meses de 2026 se registraron 203 accidentes y 22 víctimas fatales sobre la 5. Son 29 accidentes por mes, prácticamente uno por día. Lo corrobora a LA NACION un agente de uno de los destacamentos de seguridad vial sobre la ruta.
Sergio Ruppel, presidente de la Fundación Profesional para el Transporte (FPT), brazo académico de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (Fadeeac), subraya la magnitud del movimiento logístico que demanda el desarrollo de Vaca Muerta. La intensa convivencia entre transporte de carga, vehículos particulares y servicios de pasajeros plantea grandes desafíos en toda la traza.
Como se dijo, hay lugares donde el asfalto es poco menos que un pasillo por donde se cruzan vehículos a centímetros. “La primera normativa que tenemos es de 1949, y establecía 2,45 metros de ancho por camión. En 1955 se llevó a 2,50 metros, y esa medida se mantuvo durante décadas. En 1994 se modificó la Ley Nacional de Tránsito, y se estableció en 2,60 metros”, explica Ruppel.
Respecto a las calzadas, cuando comenzaron las primeras rutas, en las décadas de 1920 y 1930, tenían 5,50 de ancho. Al pasar un camión u otro vehículo de frente, los conductores tenían que tirarse hacia la banquina. “En las décadas de 1960 y 1970, empiezan a hacerse rutas con anchos más o menos similares a los que tenemos hoy: entre 3,30 metros y 3,65 metros por mano, es decir, 7,30 metros”, señala el experto de Fadeeac.
LA NACION midió el ancho de la ruta en tres tramos y en ninguno llegó a los 7 metros (vale recordar que los camiones tienen 2,60 metros de ancho) con el agravante de que faltan banquinas asfaltadas y señalización, algo extremadamente peligroso cuando llueve. De banquina, la medida esperable es de 2,50 metros, de acuerdo a los especialistas.
Además, los vehículos pesados llegan a los 20 metros de largo, pero si se suman los bitrenes (que ahora tienen libre circulación en la totalidad de la red vial nacional), pueden superar los 30 metros.
🚈 Una ruta modelo 60:
El trazado de la #ruta5 finalizó con su configuración actual en 1961. Había en ese entonces menos producción agrícola y no se hablaba de Vaca Muerta. Pero, prácticamente permanece igual. Es la única de todo el trayecto que está concesionada. El ministro de Economía publicó un posteo en su cuenta de X para celebrar los avances con la Red Federal de Concesiones Viales mediante una inversión 100% privada. “Corredores estratégicos para la producción, la logística y el comercio en Buenos Aires y La Pampa. Más inversión privada, más eficiencia y mejores rutas para los argentinos”, escribió.
Sin embargo, los pliegos que se licitaron prácticamente no tienen ninguna obra de expansión durante los 20 años que dura el contrato. Nadie previó duplicar la traza del camino, más allá de mantenerlo. A cambio, la empresa cobrará peaje durante dos décadas. El diagnóstico está errado: esta ruta no está tan rota como otras, su problema es que ya parece una avenida urbana por la densidad del tránsito.
En el Gobierno insisten en que el plan ya tiene cumplida la primera fase: la Red Federal de Concesiones Viales, un sistema de 9000 kilómetros de rutas con peaje, que pasaron al sector privado. Justamente, en este esquema, la única que está dentro del proceso de concesiones es la 5. "Vendrá otra etapa para sumar otras rutas y ahí podrían estar algunas de este corredor", contestó un funcionario de Obras Públicas a LA NACION.
Luego de la odisea de la ruta 5, en Santa Rosa, empieza el camino al sur por la nacional 35, recta y saturada también. Sigue un camino de unos 300 kilómetros por la llamada Ruta del Desierto. Como se dijo, la mano que va al sur es una bacanal de pozos, salvo unos 80 kilómetros que se repavimentaron hace tres años. La que regresa a Buenos Aires, por la que transitan camiones sin tanto peso, está mucho mejor.
La peor parte llega en la ruta nacional 151, desde el sur de La Pampa hasta Barda del Medio, en Río Negro.
Hay que estar ahí, mirar el camino, bajarse y pisarlo para entender de qué se trata la desidia. Décadas de abandono se acumulan en unos kilómetros donde ni siquiera hay asfalto. Un lugar de paso de enormes camiones que hacen un movimiento constante para no caer en verdaderos cráteres. La velocidad no supera los 10 kilómetros por hora.
El gobierno de #RíoNegro tomó el asunto y negoció el traspaso de su tramo a manos de la provincia. Dicen que habrá una asociación público/privada para que las petroleras, usuarias frecuentes de las rutas, aporten el dinero necesario para la mejora.
En La Pampa, no hay ninguna negociación para que se traspase ni un kilómetro. El enfrentamiento con el gobierno provincial de Sergio Ziliotto, siempre en las antípodas de Javier Milei, tiñe de escepticismo este tramo.
Lo cierto es que nadie pero nadie previó que miles de camiones iban a circular por una ruta preparada para cientos. Sin planificación, no hay anticipación en las obras. El colapso de tránsito, el deterioro y la desidia se impusieron en el principal ingreso a la joya llamada Vaca Muerta. Esa que visitó Georgieva después de llegar en avión.


















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