



A 50 años del horror: Cuando el pasado que creíamos pisado acecha en el presente
Diario Lider





Se cumplen 50 años del inicio de la etapa más oscura de nuestra historia reciente, y lo que debería ser un ejercicio de memoria unánime y silencio respetuoso por las víctimas, se ha transformado en un campo de batalla dialéctico. A medio siglo del golpe de Estado de 1976, la Argentina no solo recuerda sus cicatrices; hoy, peligrosamente, algunos sectores parecen intentar reabrirlas con el bisturí del revisionismo y la provocación.
El 24 de marzo no es una fecha para el debate de "dos demonios" ya perimidos por la justicia internacional y los tratados de Derechos Humanos. Fue un plan sistemático de exterminio, un genocidio que desmanteló el aparato productivo del país y dejó una herida social que todavía supura. Sin embargo, lo que resulta verdaderamente alarmante es cómo los ecos de aquel autoritarismo resuenan en la actualidad política.


El negacionismo como herramienta de gestión
Hoy asistimos a un fenómeno que creíamos desterrado: la validación oficial de discursos que relativizan el número de desaparecidos o que intentan equiparar el terrorismo de Estado con la violencia política previa. Este "negacionismo de baja intensidad" no es inocuo. Funciona como una cortina de humo para aplicar políticas económicas que, curiosamente, guardan una similitud estética con el programa de Martínez de Hoz: la desprotección del más débil, la apertura indiscriminada y el desprecio por la justicia social.
De las botas a las redes: El nuevo autoritarismo
Si en el 76 el control se ejercía mediante el Falcon verde, hoy ciertos sectores del poder político utilizan la estigmatización digital y la persecución discursiva hacia todo aquel que piense distinto. La lógica del "amigo-enemigo", esa semilla que los militares plantaron para justificar la eliminación del otro, ha germinado en una polarización extrema donde el disenso es visto como traición a la patria.
"La democracia no es solo el ejercicio del voto, es la vigencia irrestricta de los Derechos Humanos. Ignorar esto a 50 años del golpe es condenarnos a repetir los mismos errores con distintos disfraces".
La memoria no es una pieza de museo
Es imperativo que este aniversario no sea un simple acto protocolar. La ligazón con la actualidad es directa: cada vez que se desfinancia un sitio de la memoria, cada vez que se bromea sobre la represión o se tilda de "zurdos" a quienes reclaman derechos básicos, se está escupiendo sobre la historia.
A 50 años, la consigna de Nunca Más corre el riesgo de convertirse en un eslogan vacío si no somos capaces de identificar que la matriz autoritaria sigue viva en quienes desprecian las instituciones en nombre de una libertad que solo beneficia a unos pocos. La memoria es, hoy más que nunca, un acto de resistencia frente a un presente que pretende convencernos de que el horror fue solo un malentendido.
















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