Salamone, el genio que cambió para siempre la fisonomía de los pueblos de la pampa bonaerense

Locales 07/06/2022 Por Diario Lider
El domingo se cumplieron 125 años del nacimiento del ingeniero-arquitecto que entre 1936 y 1940 ejecutó 72 obras en la provincia, entre ellas el portal del cementerio de Saldungaray y los palacios municipales de Coronel Pringles, Adolfo Alsina, Tornquist y Guaminí y Pellegrini, entre otros.
Cementerio de Laprida

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 Se cumplieron el sábado 125 años del nacimiento de uno de los profesionales cuyo legado arquitectónico ha dejado una profunda huella en el Sudoeste bonaerense y en toda la provincia: el ingeniero Francisco Salamone.

   Francisco Salamone D´Anna nació el 5 de junio de 1897 en Leonforte, en el corazón de la isla de Sicilia (Italia). Cuando apenas tenía 6 años, su familia emigró a Argentina y se radicó en ciudad de Buenos Aires. 

   Hijo de un padre constructor, Salvatore, tanto él como sus hermanos varones concurrieron a la Escuela Industrial de la Nación Otto Krause, donde en 1916 se recibió como Técnico Constructor. Entre los años '18 y '19 se capacitó en escuelas de arquitectura de Italia y Francia, y a mediados de 1919 ingresó a la Universidad Nacional de Córdoba, donde completó, en menos de dos años y con muy buenas notas, la carrera de Ingeniero Civil.

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   En 1928 se casó con Emilia Adolfina Teresa Croft, hija única de Joseph Oliver Croft, por entonces vicecónsul del Imperio Astrohúngaro en Bahía Blanca). Tuvieron cuatro hijos: Ricardo, Roberto, Ana María y Stella Maris.

Dueño de una empresa constructora propia, por aquellos años Salamone empezó a volcarse a la realización de obras públicas. Entre sus primeros trabajos estuvieron el tanque de agua del matadero de Alta Gracia y la entrada al parque municipal de Venado Tuerto, donde se observan claras alusiones al estilo art-decó que, con los años, se convertiría en su sello personal.

   En 1934 diseñó su primer gran obra: el edificio municipal de Las Varillas, en Córdoba. Luego vinieron obras en Villa María donde desarrolló aún más su peculiar estilo de arquitectura urbana, con un uso casi exclusivo del hormigón armado, incluso en elementos como maceteros, bancos y fuentes.

Por aquel entonces se produjo el hecho que cambiaría la vida de Salamone: la Provincia de Buenos Aires lanzó los Bonos de Obras Públicas Municipales. Mediante ese instrumento, el entonces gobernador, el conservador Manuel Fresco, obtuvo los fondos para dar inicio a un ambicioso e inédito plan de construcción de edificios públicos en el interior provincial, con el objetivo de fomentar el crecimiento de pequeños distritos y ciudades.

 “La existencia de estos fondos abrió una enorme posibilidad para empresas y profesionales dispuestos a brindar un servicio completo. Este fue el caso de Salamone”, detallaron Luis Traversa, Fabián Iloro y Graciela Molinari en su trabajo “La obra de Francisco Salamone en el Sudoeste de la provincia de Buenos Aires, 1936-1940”, publicado por la Universidad Provincial del Sudoeste.

   Salamone -señalaron- no fue el único constructor que participó activamente de esta etapa histórica, pero sí se distinguió de los demás por las características arquitectónicas de sus obras.

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 “La existencia de estos fondos abrió una enorme posibilidad para empresas y profesionales dispuestos a brindar un servicio completo. Este fue el caso de Salamone”, detallaron Luis Traversa, Fabián Iloro y Graciela Molinari en su trabajo “La obra de Francisco Salamone en el Sudoeste de la provincia de Buenos Aires, 1936-1940”, publicado por la Universidad Provincial del Sudoeste.

   Salamone -señalaron- no fue el único constructor que participó activamente de esta etapa histórica, pero sí se distinguió de los demás por las características arquitectónicas de sus obras.

Su característica principal es el monumentalismo y el desarrollo del estilo art-decó: edificaciones enormes y espigadas, pero con bases anchas que impactan por su solidez. 

   Se trata de obras de líneas simples y rectas, que respetan casi a rajatabla la simetría respecto de un eje central, y que en varios casos se elevan por encima de los 30 metros, algo que en aquellos años estaba reservado sólo para las iglesias.

   “A simple vista, en la obra de Salamone emerge el claro objetivo de lograr una arquitectura para un Estado fuerte y presente”, indicó Natalia Saizar, a cargo del Centro de Interpretación de la Obra de Francisco Salamone en Laprida.

 El profesional ubicó a los palacios municipales en el centro de plazas monumentales y amplias (tal es el caso del municipio de Coronel Pringles), y situó al resto de los edificios importantes en el entorno, como girando alrededor. Todo un mensaje.

   “El interés y la singularidad de sus proyectos reside en la combinación de art-decó, futurismo y funcionalismo en escala monumental”, agregó Saizar.

Sus grandes edificios en la región

Adolfo Alsina: El palacio municipal y el matadero de Villa Epecuén.

Adolfo Gonzales Chaves: El palacio municipal, el mercado municipal (Centro Cultural) y el matadero.

Coronel Pringles: El edificio municipal, el matadero y el Hospital Municipal 

Guaminí: El palacio municipal, matadero y las delegaciones de Laguna Alsina-Bonifacio, Casbas y Garré.

Laprida: El palacio comunal, la chacra y corralón municipal, el cementerio, matadero, y la delegación de San Jorge.

Pellegrini: La sede del municipio, el matadero y el club atlético.

Salliqueló: El matadero y el cementerio.

Tornquist: El palacio municipal (Tornquist); el matadero, mercado municipal y cementerio de Saldungaray; y delegaciones de Saldungaray y Tres Picos.

Tres Lomas: El palacio municipal y el matadero.

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